No es nuevo y nunca envejece: Newport Folk Festival 2014

Original publicado en Harlan Magazine

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Asistimos en la distancia a la primera edición del Newport Folk Festival sin Pete Seeger, fallecido el pasado enero. Creado en 1959, la mitología le reserva el honor de ser uno de los festivales mas importantes para la música nacional estadounidense. En aquellos primeros años sesenta, resucitaron en sus escenarios muchos artistas del Delta que llevaban veinte años desaparecidos, entre ellos Lightnin’ Hopkins, Muddy Waters, Mississippi John Hurt, Son House y J. L. Hooker. Mucho más recordada es la noche de la clausura de la edición de 1963, cuando un raquítico guitarrista fue invitado al escenario por Joan Baez, y entre Peter Paul and Mary y los Freedom Singers, brotó por primera vez en un escenario nacional, Blowin’ in the Wind de Bob Dylan.

La edición que nos atañe tuvo lugar entre el 25 y el 27 de Julio, en el State Park Fort Adams, en Newport, Rhode Island, que se convirtió un año más en la hoguera del campamento que es América. Tres días de liturgia emitidos por la National Public Radio (NPR), aún accesibles aquí.

Todo en Rhode Island es pequeño. Sus orgullosos habitantes lo apodaron hace tiempo como “the biggest little state in the union”, y algún creativo matemático sostiene que “Rhody” aumenta su superficie un 3% cuando baja la marea. El tabique sur del Fort Adams, refugio defensivo de la Guerra Civil Americana, sirve de escenario principal, dejando el océano Atlántico a la espalda del público. Con el aforo limitado a 10.000 personas y con un caché de más de 50 bandas, es un festival pensado para el disfrute de los artistas, y eso deleita a los espectadores.

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Entre los encargados del escenario principal destacó la diva del soul Mavis Staples, poderosa fuerza unificadora de lo moderno con aquellos primeros años 60 del festival. Orquestada por Jeff Tweedy (Wilco), con la participación de Norah Jones (juntas armonizaron The Weight), sirvió a la cantante de 75 años para celebrar su cumpleaños de la mejor manera posible: soplando velas sobre el escenario.

Jack White vino para repasar su carrera en solitario y a experimentar con su trabajo, Lazaretto, aunque fascinó con versiones intrigantes de clásicos comoDeath Letter de Son House, la impresionante John the Revelator de Blind Willie Johnson, o un Hear My Train a Comin que hubiese matado de un ataque de distorsión a Jimi Hendrix. El resultado es hipnotizante. Jack White es puro espectáculo de variedades, potente experiencia la de ponerse delante de ese tipo, así que cuando comienza a presionar su acústica Gibson de 1920 y suenan los acordes del Goodnight, Irene de Leadbelly, el público une sus voces en un momento al más puro estilo Pete Seeger. “It sure would be nice if we all could sing along with this one.”, dice Jack White, que se atragantó con la letra y derramó alguna lágrima recordando al mecenas de figura espigada.

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El omnívoro musical de Ryan Adams (que acaba de publicar Ryan Adams1984), el legendario Jimmy Cliff y el solitario Robert Hunter (liricista de Grateful Dead), son conocidos por todos, así que dando por supuesto que ya les tenemos tirria o somos incondicionales suyos, no me molestaré en repasarlos. Vamos con los menos conocidos y novatos del festival.

Para aquellos que todavía no conozcan a los Milk Carton Kids, que no os eche para atrás su elegancia, este dúo de California se vuelve incorpóreo cuando canta. En el escenario, dos guitarras sin músico trabajan al unísono para crear espacios donde brilla el trabajo solista de Kenneth Pattengale. El mofletudo baby face, que como un niño juega a salirse del ritmo, no duda en doblar el quincuagenario mástil de su Martin para llegar a las notas finales y dejarte con la boca abierta. Esa sensación de no saber quién está haciendo qué línea vocal, quién mantiene la armonía y quién la melodía, que se da cuando dos genéticas conjugan a la perfección, es tan vieja como las familias (endogámicas) de granjeros; tradición de la que surgieron parejas de hermanos como los Louvin Brothers o los Everly Brothers, por poner un ejemplo algo más sofisticado. Pero no me creáis lo más mínimo e investigad temas como:

Este vaquero de mirada melancólica es el espíritu de las caravanas de Woody Guthrie y los agricultores de las montañas de la costa este. Willie Watson viaja y toca solo. Su repertorio está plagado de canciones que suenan tristes a la guitarra, o al banjo recuerdan el caminar acompasado de un tren; pero lo más importante es que son melodías que todo el país sabe corear. Recién salido del Old Crow Medicine Show, donde hacia bailar a sus vecinos sobre el césped del ayuntamiento de Nashville, este treintañero en tirantes prefiere el formato pequeño y las historias grandes. Nuestro Willie es un cowboy, tiene la voz nasal y aguda, polvorienta, y de momento solo versiona tradicionales del Folk (recopilados en el álbum Folk Singer Vol. 1). Muchos esperamos con ganas el momento en el que se ponga a escribir.

Es necesario trasladarnos por un momento a la ciudad de Nueva York, pocas millas al sur de Newport. Existe un documento que considero fundacional para la nueva generación del Folk y que todo amante de la música debe ver. Con motivo del estreno de Inside Llewyn Davis (Ethan & Joel Coen, 2013), se dispuso un concierto promocional en el New York Town Hall con invitados famosos y muchos de los participantes en la banda sonora y demás parientes musicales. La película fue titulada Another Day, Another Time, y es la mejor representación de la imagen de una hoguera alrededor de la cual varios amigos intercambian canciones y se divierten cantando hasta el amanecer. Pero vaya grupo de amigos. Entre bambalinas, los Avett Brothers se unen a Joan Baez y Marcus Mumford, un Jack White acústico añade dos versos a un tema que comenzó Gillian Gelch y Dave Rawlings, Keb Mo afina, los trajeados Milk Carton Kids junto al sombrero de Willie Watson, se asombran de la voz de la desconocida Rhiannon Giddens, entonando canciones tradicionales irlandesas. Todos conocen las letras y se respira la atmósfera de una parada de gitanos. Una figura alta en traje oscuro sin corbata, negra en la distancia, sujeta un trozo humeante de palosanto. Ese espectro es T-Bone Burnett, el culpable de juntar a toda esta gente, productor del concierto y de la banda sonora de Inside Lewyn Davis (así como de la ya mítica O Brother, Where Art Thou?). Emociona atestiguar la unión que existe entre estos músicos, cineastas y artistas representantes de la cultura americana, juntos para rendirle tributo a los orígenes y a las generaciones que les separan y unen.

Otro señor con clase, que ha demostrado su capacidad para el cante montañés tanto en nuestra película, como en la presente edición del festival, es el canijo de Chris Thiles, el irlandés de California, el mandolinero de la reina, una cosa seria cantando y creando arreglos épicos con instrumentos que caben en el portaequipajes de una Vespa. Siempre sobresaliente, brilla mucho con los Punch Brothers, donde milita como cantante principal. Su vieja compañía Nickel Creek viene a ser de corte más pop. Atentos a un tipo que es capaz de tocar sonatas de Bach con la mandolina de esta manera. Si os interesa profundizar en el experimento, Bach: Sonatas and Partitas, Vol. I, ha sido publicado por Nonesuch Records. Otro experimento que merece muchísimo la pena es The Goat Rodeo Sessions, en el que participa, entre otros, una mujer rubia de piernas finas y melodías soul.

Aoife (pronunciado ee-fuh) Donovan, presentó su disco en solitario Fossils, sobre la base más sencilla de las cuerdas americanas. A través de composiciones como Oh Mama, consigue contarte historias de amor sin que te den ganas de comprobar tu nivel de glucosa en sangre. Su asociación con las cabras de Chris Thiles no es la más extraña hasta la fecha, viniendo de una mujer que ha cantado con la orquesta filarmónica de Boston para luego pasarse al Jazz y terminar montando un grupo de Folk-Noir (pregúntenle a Wikipedia qué es eso, porque yo no tengo ni idea).

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Otro debutante fue el grupo The Deslondes, novedosa es la mezcla entre soul y country sureño de este grupo de camioneros, vaqueros, con pinta de destilar su propio whiskey de maíz. Su música mira mucho al pasado, pero se agradece que no quieran romantizarlo demasiado y trastoquen aquello que creen necesario mejorar. Me quedo con ellos por ese ritmo lento, swing propio del sello Stax, el sonido de la fusión (Stax Records fue una compañía de música negra fundada por un músico blanquito de raíces country; estilo Booker T. & the M.G.’s y su Green Onions para entendernos). ¿Acabo de ver al percusionista darle con un martillo a un cencerro?

También sorprendente y anticuado al mismo tiempo, es el son de los bostonianos Lake Street Dive, de divertidas siglas (LSD). Os dejo el vídeo que les hizo famosos gracias a un retweet de Kevin Bacon. También participaron en la película Another Day, Another Time y aunque novatos en el Newport, son asiduos de una cantidad de ingente de festivales, más desde que se trasladaran al “Disney World hipster” de Portland. Elige cualquier tema y dale al play. Tras un par de acordes llegará el regalo que es la voz Rachael Price para hacerte olvidar lo hipsters que son. Para valorar su capacidad compositora, véase el primer disco Bad Self Portraits que vinieron a presentar al Newport, el primero con canciones propias, diferentes entre sí, pero que comparten el calor de la Motown, el brillo del pop sesentero americano y británico, y algo de banda sonora de musical. Nada mal para una banda de conservatorio.

Entre las influencias de Shakey Graves no figuran los musicales. El siniestro nombre surgió en una noche loca de campamento en lo más profundo de Texas, donde por suerte también decidió que lo suyo era tocar la guitarra. Desde entonces, comparte escenario con una maleta modificada para albergar una pequeña caja de batería que irá percutiendo con un pie, también con una acústica algo distorsionada, lo que resulta en un estilo primitivo y blusero. En el festival le vimos mucho más dedicado a presentarse como escritor sin artificios, la maleta quedó atrás. Nada como esta versión de Dearly Departed a pelo, pegando patadas al suelo, para convencernos de que va por el buen camino.

Shakey Graves durante los talleres del festival © The Bluegrass Situation

La tensión entre los puristas y la innovación sigue presente, desde que Newport perdió la inocencia en 1965, Bob Dylan se volvió eléctrico y Like a Rolling Stone fue abucheado. Pero las discusiones son parte del atractivo y la personalidad del festival. Una sensible trova a la guitarra acústica, rudos sureños que mezclan punk con country, viejas glorias del soul, rock duro de Detroit, bluegrass de las montañas o el Blues más profundo. Si sirve a la narrativa de la historia de la música estadounidense, será bienvenido en Newport. Como dijo Louis Armstrong, “all music is Folk music, I ain’t never heard no horse sing a song”.

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